Historia de la Academia

LA ACADEMIA CHILENA DE MEDICINA EN SU PRIMER MEDIO SIGLO

Jorge Martin Bascuñán1, Rodolfo Armas Merino2, José Adolfo Rodriguez Portales3

  1. Historiador
  2. Miembro de Número, Presidente de la Academia 2011-2015.
  3. Miembro de Número, Secretario Académico 2011-2015.

ANTECEDENTES

Desde tiempos inmemoriales la humanidad se ha preocupado de la medicina, entendida como la ciencia y el arte de conocer, tratar y precaver las enfermedades del hombre. Ejercida en la era pre-técnica por sacerdotes dado su carácter misterioso, desde la fundación de las universidades en la cultura occidental la medicina ha figurado entre las principales disciplinas relacionadas con el conocimiento del hombre en todos sus aspectos.
Las derivaciones del contrato social  han llevado a diversas formas de organización y asociatividad  médica. En el ámbito hispánico, ya las Leyes de Toro en tiempos de los Reyes Católicos regulaban la forma de certificar a los médicos estableciéndose el Protomedicato en 1477 como un cuerpo técnico encargado de vigilar el ejercicio de las profesiones sanitarias, así como de ejercer una función docente y atender a la formación de estos profesionales. En 1570 se fundó el Protomedicato en el Perú, en cuya jurisdicción quedaba el Reino de Chile. La fundación de la Real Universidad de San Felipe en Santiago en 1738 da cuenta de la preferencia concedida a la medicina entre las cátedras fundadas . En 1786 se estableció el Protomedicato de Chile como independiente del de Lima y fue ejercido por el Catedrático de Prima de la Real Universidad. Sin embargo hasta el primer tercio del siglo XIX la profesión en Chile  contó con escasa información científica y poco reconocimiento social, lo que contrasta con lo que ocurría en Europa con el avance científico de la Ilustración y la aparición de grandes figuras en la ciencia y la medicina, los que no fueron conocidos en Chile hasta varios años después. La reapertura de los estudios médicos en el Instituto Nacional en 1833 y luego en la Universidad de Chile en 1842 logró establecer una base cognitiva, dotar a la profesión de prestigio social y confianza, ensanchar su mercado y regular el monopolio del ejercicio con el apoyo del Estado. Logró igualmente iniciar su organización gremial. Es decir, construyó los pilares de una profesionalización exitosa.
Al alero de su Facultad, los médicos comenzaron a desarrollar una importante labor académica y de investigación sobre temas relevantes de higiene y sanidad; hecho que empoderó a la Corporación como una voz destacada en estos temas, además de llamar la atención de las autoridades públicas sobre las necesidades en estos mismos ámbitos. Una labor similar había realizado unos años antes una Sociedad Médica que fue de corta duración pues luego fue repuesto el Protomedicato.
Como producto de estos y otros factores, la medicina nacional fue adquiriendo una mayor relevancia social y profesional. Los mismo médicos fueron tomando cada vez mayor conciencia de su valer como profesionales y como gremio; tanto así que formaron como cuerpo una sólida autoimagen profesional y social que los distinguía de otras profesiones. Éste es uno de los factores que explica la creación, en 1869, de la Sociedad Médica de Santiago, fundada a partir de la iniciativa de algunos alumnos y profesores de la Escuela de Medicina para “compartir conocimientos, actualizarlos, estimular la investigación y discutir las noticias, que en esa época, llegaban desde Europa”. Unos años más tarde, en 1872, esta Sociedad dio a la luz pública la Revista Médica de Chile, órgano que se sigue publicando hasta hoy y que se convirtió en la tribuna de los médicos para el análisis y divulgación de las ciencias médicas y de los problemas sanitarios de la sociedad chilena. Desde esta década en adelante, el gremio médico fue obteniendo progresivamente un mayor espacio e influencia en muchos ámbitos de la vida nacional; al mismo tiempo que se creaban nuevas entidades corporativas, tanto a nivel nacional como regional, en donde la medicina y la salud pública eran temas de debate, reflexión y divulgación. Entre ellas cabe destacar el Consejo Superior de Higiene, establecido en 1892 y, ya en el siglo XX, la Asociación Médica de Chile (AMECH) que dio paso al Colegio Médico de Chile, fundado en 1948.
En términos generales, se puede decir que entre las organizaciones creadas por los médicos anteriores a la Academia, la que más se le asemeja es la Sociedad Médica de Santiago. Si bien hay diferencias evidentes, tanto en su origen como en su organización, en ambas el eje de central de su actividad es la del análisis, la discusión y la síntesis de conocimiento sobre un amplio espectro de ámbitos de la medicina y de la salud en general.
Con todo, hay otro factor relevante que une la creación de estas dos corporaciones, separadas por tantas décadas; fenómeno que responde a las necesidades y la situación de la medicina nacional en cada una de sus épocas. En primer lugar, la Sociedad Médica, como se mencionó, se formó en un período en que la medicina chilena estaba consolidando su proceso de profesionalización y validación social; por lo tanto su fundación respondió a esa necesidad, razón por la que su objetivo era, a partir de los nuevos conocimientos y procedimientos de la medicina, elaborar un pensamiento médico nacional que sistematizara y fuera de utilidad para enfrentar los problemas de sanitarios de la sociedad.
Casi un siglo después, y con otras realidades en el desarrollo del saber médico, se consideró necesario crear, como parte del Instituto de Chile, una Academia de Medicina. La razón de ello surge desde del Mensaje Presidencial que acompañaba a la ley que dio vida al Instituto de Chile. El texto expresa uno de los motivos principales de la iniciativa legal, en el contexto que vivía el país a mediados de los años 60:

Chile ha vivido un largo período de análisis; el espíritu crítico ha adquirido una gran intensidad. Parece conveniente favorecer la formulación de un pensamiento nacional […]. En una época como la actual, en que la acumulación y especialización del saber adquieren un ritmo acelerado, se hace más necesario que nunca acentuar un criterio de síntesis como el que caracterizó a los griegos, para recuperar el sentido de totalidad de las cosas. Se necesitan puntos de vista más amplios, destacar lo permanente y no lo transitorio, para llegar a un conocimiento integrador.

Sin duda, el mensaje es claro en cuanto a sus objetivos generales, más aun si se toma en consideración que entre las décadas de 1940 y 1960 la sociedad chilena experimentó un importante auge cultural que necesitaba ser decantado y analizado. En el caso de la medicina se necesitaba algo similar y, por este motivo, presentaba ciertas analogías con lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XIX. A nivel mundial se produjeron grandes avances médicos, caracterizados por una preeminencia de las ciencias y la tecnología, lo que derivó en una progresiva especialización, al mismo tiempo que aumentaba la influencia de la medicina en la sociedad. Esto hizo necesario, al igual que un siglo atrás, tener una corporación que permitiera sintetizar todo este conocimiento parcializado y, al mismo tiempo, adecuarlo a la realidad chilena, elaborando un pensamiento de totalidad con caracteres propiamente nacionales. Precisamente, con esta finalidad la medicina, como disciplina, fue parte de las academias fundadas con el Instituto de Chile.

2. CREACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA ACADEMIA CHILENA DE MEDICINA
2.1 Los primeros años
Pocos días después de la promulgación de ley que daba vida al Instituto de Chile, en septiembre de 1964, se inauguró solemnemente, el 22 de octubre, la nueva Corporación, ocasión en la que se procedió a nombrar a los primeros miembros de las nuevas Academias que la componían. Según el cuerpo legal, los cinco primeros académicos fueron designados por el Presidente de la República, el Consejo de Rectores y la Universidad de Chile, respectivamente. Para la Academia de Medicina, los elegidos fueron los profesores Armando Larraguibel, Emilio Croizet, Leonardo Guzmán, Hernán Alessandri y Alfonso Asenjo.
En su primera reunión oficial el 26 de octubre de 1964, los miembros fundadores procedieron a designar su primera directiva; para Presidente de la Corporación fue electo el académico profesor Armando Larraguibel y Secretario el doctor Alfonso Asenjo quien, además, fue elegido como Tesorero interino. De inmediato se definieron varias tareas consideradas prioritarias para la naciente Academia. En primer lugar, establecer su reglamento interno y elegir a nuevo académicos que dieran mayor solidez a la institución. Los miembros de número seleccionados fueron los profesores Sótero del Rio, Víctor Manuel Avilés, Amador Neghme y Luis Prunés. Asimismo, poco después fueron electos los primeros miembros correspondientes en provincias, los profesores Otmar Wilhelm y Adolfo Reccius, por Concepción y Valparaíso, respectivamente.
Con posterioridad, se continuó con la selección de nuevos miembros porque, como lo expresó el profesor Alessandri, era necesario elegir un número adecuado de académicos que:

“Garanticen la estabilidad de la Academia, agregando que para ese fin se pueden buscar representantes de otros centros científicos afines, diferentes a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, como la misma Facultad de la Universidad Católica y también sociedades médicas de la capital.”

Poco después se realizó la segunda elección de nuevos miembros de número, resultando escogidos los profesores Aníbal Ariztía, Roberto Barahona, Héctor Orrego, Walter Fernández, Juan Wood y Hernán Romero. Con anterioridad a este proceso la Academia había procedido a nombrar los primeros miembros honorarios de la Corporación, distinción que recayó en los profesores Alejandro Garretón y Enrique Laval. Estos primeros nombramientos muestran el perfil que se adoptó, y que se aplica hasta el presente, para escoger a los miembros de la Academia. Facultativos destacados por su trayectoria y aporte en los diversos campos de la medicina, la enseñanza o en áreas anexas como las humanidades médicas, asegurando con esto integrar a las mejores mentes de la disciplina para avalar un ambiente y labor consagrados a lograr los grandes objetivos de la Corporación. Como veremos, a lo largo de estas décadas, esto ha permitido que la palabra y actuar de la Academia cuente con un prestigio reconocido no sólo dentro del gremio médico sino que también en los ámbitos gubernamental e intelectual de la sociedad.
Con todo, estas no eran las únicas preocupaciones y objetivos que en estos primeros años se propuso la Academia. Entre los problemas que debió afrontar la nueva Corporación hubo dos que, por varios años, concentraron la atención de las directivas y sus académicos. Primero, la falta de recursos económicos para financiar sus actividades y, en segundo lugar, la falta de una sede propia que acogiera a esta Academia y a sus equivalentes del Instituto. En cuanto a la falta de presupuesto, desde el inicio fue una preocupación por la necesidad de contar con recursos que permitieran desarrollar sus funciones con relativa normalidad, así como emprender una serie de iniciativas que se consideraban esenciales para las labores de la Corporación.
La primera Mesa Directiva, tomando en cuenta esta necesidad y considerando que sólo se la habían asignado 5 mil escudos para sus gastos anuales, encomendó al profesor Leonardo Guzmán que gestionara un aumento presupuestario conversando directamente con diversas autoridades ministeriales y parlamentarias. Sin embargo, las tentativas fueron infructuosas; aún más, luego del cambio de Gobierno “incluso la suma de 5 mil escudos fue borrada del nuevo presupuesto” . Según los planes esbozados por la Academia, se necesitaban unos 50 mil escudos para “gastos de secretaría y concursos y apoyo a proyectos de investigación”. Como este problema afectaba también a las demás Academias, se optó por una gestión conjunta con las autoridades del Instituto. Así, luego de varias reuniones al más alto nivel con personeros de Gobierno y del Congreso, se logró que el Instituto recibiera 110 mil escudos, estimando que cada Academia recibiría de este dinero unos 20 mil. Aunque esta suma permitió algo de holgura económica en el funcionamiento de la Corporación, varias iniciativas, como veremos más adelante, debieron ser resueltas con ingenio y austeridad. Sólo en la década de los 80 la Academia, en particular y el Instituto, en general, pudieron contar con un presupuesto más estable.
Como mencionamos, otro de los problemas relevantes en estos primeros años, fue la falta de una sede propia para las actividades del Instituto y sus Academias. En particular, para Medicina esto se tradujo en no contar con un espacio físico para sus sesiones. En varias oportunidades se debió utilizar para este propósito las dependencias del Colegio Médico, y para las recepciones de los nuevos académicos recurrir al Salón de Honor de la Universidad de Chile o, en su defecto, a dependencias de la Biblioteca Nacional. Asimismo, esta situación provocaba que ésta, así como las otras Corporaciones, no pudiera acopiar sus documentos y publicaciones. La necesidad de una sede y su implementación se comunicó al Instituto para que gestionara, con las sucesivas autoridades de Gobierno, alguna solución. Aunque se evaluaron varias posibilidades ninguna pudo concretarse. La propiedad que más cerca estuvo de ser adquirida para el uso del Instituto fue la que perteneció al Presidente Manuel Montt,  casa ubicada en la calle de la Merced en el centro de Santiago. Las dificultades para llegar a un acuerdo con la Caja de Empleados Particulares, propietaria del inmueble, así como la resistencia del fisco para entregar los recursos para su compra y habilitación, terminaron por diluir esa posibilidad. Finalmente, se concretó en 1971 la adquisición de la propiedad de Almirante Montt 453, la que luego de trabajos de remodelación fue ocupada por las Academias del Instituto en agosto de 1972.
En el mismo sentido, otra dificultad que resalta en estos años iniciales fue un puntual pero decidor suceso: la falta de deferencia que muchas instituciones, públicas y privadas así como la sociedad en general, tenían hacia la Academia y sus miembros, situación de la que se tenía pleno conocimiento. En marzo de 1965, los miembros discutieron esta situación, sobre todo al considerar que, a pesar de la información enviada por la Academia a las autoridades universitarias y presidentes de sociedades científicas, no se había considerado para los miembros “el rango que les confiere el imperio de la Ley”; aún más la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile no había tomado en cuenta a la Institución. Algunos académicos opinaron que esta situación podía deberse a una falta de tradición y cultura pues,

“Las personas que no han tenido contacto con la vida académica en otros países, no se dan cuenta de que este rango significa un escalón superior en que unen una alta calidad intelectual, un refinamiento espiritual, asociado a una vida social y científica que tenga una realidad y un reconocimiento, aceptado por la colectividad”

Para algunos académicos, estas consideraciones iban más allá de un trato preferencial en el ámbito intelectual; buscaban también que estas deferencias fueran de carácter social y económico. Incluso se discutió y aprobó enviar al Instituto la petición para que gestionara ante el Gobierno una serie de franquicias para los académicos. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo en este tipo de cortesías por considerarlo, como lo expresó el profesor Neghme, “un tropicalismo”.
Más allá de esta anecdótica polémica, la Academia también buscaba aumentar su valoración y presencia en los ámbitos académicos, científicos y culturales, a pesar de las dificultades de estos primeros años. Una de sus primeras metas fue publicar un boletín con los discursos y trabajos de sus miembros. Debido a las restricciones presupuestarias se convino en buscar soluciones para lograr este objetivo pues se concordó en la necesidad de hacerlo por “el hecho de que la Academia cuenta ya con un buen número de material para publicar”. La solución más factible fue utilizar la imprenta que usaba la Revista Médica de Chile, dando una subvención por su uso, la que se acordó en 6 mil escudos anuales. Con la aceptación del semanario, el primer número del Boletín de la Academia fue publicado en septiembre de 1965 y se acordó enviarlo a miembros de la Facultad de Medicina, del Instituto, bibliotecas médicas en hospitales y sociedades congéneres de otros países. Además del Boletín, su principal medio de difusión, la Academia, en estas últimas décadas, ha publicado una serie de trabajos sobre diversas temáticas relacionadas con reseñas biográficas, trabajos de seminarios, bioética y educación en medicina, por nombrar solo algunos.
Asimismo, la Academia puso un temprano interés en promover la investigación de las ciencias médicas en el país; de esta forma, a poco más de un año de su fundación, se acordó crear el premio “Emilio Croizet” para distinguir el mejor trabajo científico nacional en morfopatología, ya fuera éste “inédito, publicado o presentado a sociedades científicas nacionales o extranjeras”; el premio inicial consistía en una medalla y un diploma para el autor principal del estudio. El primer trabajo en recibir el galardón, en 1966, luego de la evaluación del comité designado para ese efecto y presidido por el doctor Hernán Alessandri, fue “Cellular and Subcellular Structure of the Ventrolateral Nucleus of the Thalamus in Parkinson’s Disease. Deposits of Iron”, publicado por los doctores Guillermo Rojas, Alfonso Asenjo, Renato Chiorino, Luis Aranda, Roberto Rocamora y Pablo Donoso. Además, como parte del objetivo de promover la discusión científica, se acordó acoger la propuesta de los profesores Neghme, Alessandri y Barahona para que la Academia celebrara una o dos reuniones científicas al año; la primera de las cuales fue programada para 1967, bajo la dirección del académico profesor Aníbal Ariztía.
Por último, es necesario señalar el papel que asumió la Academia desde estos primeros años en resguardo de los intereses del gremio médico. Aunque el Colegio Médico asumía esta defensa en la mayoría de estos casos, , los miembros de la nueva Corporación sentían que era también su deber hacer sentir su voz y opinión ante situaciones que, en su criterio, menoscabaran la profesión y el trabajo de los facultativos. Precisamente, en abril de 1966, el profesor Rigoberto Iglesias presentó una petición en este sentido, ante el requerimiento de la Municipalidad de Ñuñoa para que se le entregara el edificio en donde funcionaba el Instituto de Medicina Experimental. De inmediato, se revolvió iniciar gestiones ante el Servicio Nacional de Salud para que el Instituto fuera acogido en otras dependencias; unas semanas después se llegó a un acuerdo entre las partes que permitió que el mencionado centro continuara en funcionamiento.
Como veremos a continuación con más detalle, estos años son el comienzo de una intensa labor por posicionar, tanto en el país como en el extranjero, a la Academia como institución pero también como espacio de discusión y promoción de la medicina chilena. Cometidos que no estuvieron exentos de polémicas y dificultades tanto por desavenencias internas en la Corporación como debido a los problemas que enfrentó la sociedad y el país en esos mismos años.

3. LA ACADEMIA Y SU TRAYECTORIA PARA CONSOLIDAR Y DESARROLLAR SU LABOR INSTITUCIONAL
A fines de 1966, los profesores miembros de la Academia acordaron que en el segundo aniversario de ésta su Presidente, el profesor Larraguibel, el Secretario, profesor Asenjo y el Académico señor Barahona, presentaran su pensamiento sobre el significado, la labor y el futuro de la Corporación. Las reflexiones de los primeros no despertaron mayores discusiones pues, en general, resumieron en forma amplia las labores y objetivos de la Academia, concitando el acuerdo en que, según lo expreso el profesor Larraguibel.

Nosotros sabemos que la verdad de hoy, puede ser destruida o desestimada en un mañana. Es por esto que la ciencia de por si es modesta. Ella constituye una búsqueda de la Verdad, que no sólo es útil al hombre, sino que también al país.
Y vuelvo a insistir, nuestras investigaciones y nuestros afanes deben ser defendidos constantemente de cualquier imposición, ya sea política, administrativa o religiosa.
Hoy día la ciencia se enorgullece de las grandes conquistas que ha realizado, y nosotros, dentro de nuestra academia, debemos mantener ese fuego sagrado en forma ininterrumpida.

Sin embargo, el documento representado por el doctor Barahona generó un mayor debate, ya que varios miembros se mostraron en desacuerdo con las críticas que expresaba hacia la labor, que hasta ese momento, había desarrollado la Academia de Medicina y el Instituto de Chile. Con todo, sí concordaban en las tareas y proyectos que deberían ponerse en práctica, pues las palabras del profesor “expresaban un conocimiento de lo que debe ser la Academia“.
Resulta pertinente citar algunas de las ideas expuestas ya que, como veremos, resultan ser bastante ilustrativas de la labor que desarrolló la Corporación en las décadas siguientes, y en donde hubo importantes logros pero, también, arduos problemas que enfrentar.

Nuestro camino está trazado con meridiana claridad y es hermoso de crear y recorrer. Aún más, representa verdadera necesidad para la afirmación racional, frente al empirismo tecnológico que invade las actividades y que, imperceptiblemente, envuelve hasta la actividad universitaria… En alguna parte de la nación debe, pues, quedar vivo el pensamiento puro, la actividad absolutamente no interesada, donde se exprese lo más original y más valioso. Es lo que con propiedad se llama actividad académica; a ella debe tender nuestra institución, es su labor específica. En la medida en que la ejerza con profundidad y con valor, recibirá el aprecio y respeto que estas corporaciones merecen. Haber sido designados académicos no nos concede una nueva calidad; por el contrario, nos entrega una nueva obligación, un nuevo trabajo, una nueva tarea […]
Hay muchos problemas que deberíamos estudiar y originarían fecundas reuniones. En las especialidades que hemos cultivado y cultivamos, hay asuntos que son algo así como la raíz o el germen de la disciplina, que hemos esquivado a lo largo de nuestro ejercicio profesional y que ahora, con tiempo y con perspectiva, deberíamos abordar y examinar. Dando un paso más en profundidad, nuestra academia deberá también buscar respuesta a interrogantes más generales, como la idea de enfermedad, la evolución de esa noción, la idea de salud y de bienestar, la idea de causalidad en biología y en medicina.
Dado que la mayor parte de los académicos han sido y probablemente serán en el futuro, hombres que han hecho su vida en el seno de la Universidad, sus asuntos no pueden sernos ajenos; el examen de su recorrido, la definición de su situación actual y las nuevas metas que deben formularse han de ocuparnos necesariamente. También los asuntos que conciernen a la conducta del médico, a los fundamentos de su ética y a su posición en la sociedad, merecen nuestro estudio y análisis…
Hay otra actividad que compete también a nuestra academia. Me refiero a la convocatoria a reuniones y simposios de carácter multi disciplinarios […] Se hace sentir con verdadera urgencia la necesidad de un intercambio de especialistas de disciplinas aparentemente muy lejanas, que tiene contactos con los diversos ángulos de un problema. Este tipo de reuniones no ha podido ser realizado adecuadamente […] dada la constitución de la Academia, le es fácil y, a mi juicio, le corresponde ser la iniciadora, la estimuladora y la organizadora de este tipo de reuniones en que, alrededor de algún problema de importancia, se convoquen muy diversos especialistas, médicos, biólogos, físicos, sociólogos, etc., con el objeto de establecer un coloquio que ha de enriquecer nuestros medios científicos.

Un primer paso en estos proyectos, fue colocar a la Corporación como una entidad destacada en el ámbito académico y científico, tanto a nivel nacional como extranjero. Un reconocimiento, en este sentido, fue la invitación que, poco después de esto, se recibió de parte de la Academia Nacional de Medicina de Colombia para que su par chilena tuviera participación en una Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina. Luego de evaluar la propuesta y enviar los antecedentes, la Asociación se constituyó en diciembre de 1966, realizando su primera reunión con delegados y presidentes de las Academias integrantes a mediados de 1968. Desde estas primeras instancias la Corporación chilena ha participado, como veremos más adelante, continuamente en las actividades de la Asociación.
Otro ámbito para fortalecer el papel de las ciencias médicas en la Academia fue proporcionar a este ámbito un espacio de reflexión y debate sobre el quehacer nacional. Como se mencionó más arriba, una novel iniciativa en ese sentido fue la propuesta para realizar sesiones científicas anuales, la que en su primera versión fue comisionada al Dr. Ariztía; quien optó por centrarla en “problemas relacionados con disciplinas básicas en pediatría, con especial referencia a la investigación bioquímica, genética, enzimática e inmunológica”. Con el apoyo de sus colegas, se propuso, además, ver la posibilidad de traer especialistas extranjeros, difundir la iniciativa en la prensa y publicar los trabajos presentados.
La realización de la jornada fue un éxito, aunque sólo se presentaron tres expositores según el programa.

Citogenética y sus relaciones con la pediatría. Relator Dr. Manuel Aspillaga, Jefe del Departamento de Genética, Ayudante y Profesor encargado de Curso de la Cátedra de Pediatría, Hospital Luis Calvo Mackenna.
Adaptación en la desnutrición: endocrinología, desarrollo y nutrición. Relator: Dr. Fernando Monckeberg, Jefe del Laboratorio de Investigación Pediátrica de la Cátedra de Pediatría, Hospital Manuel Arriarán.
Inmadurez en el niño: Relator Dr. Gonzalo Saavedra, Ayudante 1°, Profesor Encargado de Curso de la Cátedra de Pediatría, Hospital San Juan de Dios.

Todas de muy alta calidad, pues la jornada y su organizador recibieron el elogio de los miembros de la Academia quienes, además, solicitaron que para la segunda versión se prestara apoyo económico al profesor encargado de prepararla. Cabe mencionar que para el tema de la siguiente sesión se acordó, finalmente, tratar el alcoholismo, especialmente “en sus aspectos médico sociales” entregando su organización al profesor Hernán Romero.
Pero las actividades vinculadas al ámbito científico e investigativo en medicina, no sólo se desarrollaron al interior de la Academia; se buscó, además, incentivarlas en los centros dedicados a dichos campos en el país. Así, al ya creado galardón “Emilio Croizet”, se establecieron dos estímulos en dinero para reconocer y apoyar la investigación médica. El primero, un reconocimiento por 10 mil escudos y un diploma a una monografía médica, sobre cualquier materia, cuyo autor sea chileno residente en el país o en el extranjero y el segundo, un apoyo económico por 8 mil escudos para un proyecto de investigación médica aplicada a la clínica. Asimismo, y en un área alejada de la investigación más dura, la Academia, a instancias del profesor Enrique Laval, decidió apoyar el desarrollo de las humanidades médicas, específicamente la historia de la medicina nacional que, hasta ese momento, se encontraba “muy abandonada”. Para esto, y en conjunto con la Sociedad de Historia de la Medicina, se convocaría  a un concurso de monografías con la biografía de destacados facultativos chilenos; de esta forma, se promocionó el desarrollo de las humanidades y, específicamente, de la historia de la medicina, disciplinas que han ocupado un puesto relevante, hasta la actualidad, dentro de las actividades de la Academia.
Otro aspecto que es necesario mencionar más en detalle fue la defensa de algunos intereses gremiales. Aunque, como se mencionó, gran parte de estos asuntos eran materia del Colegio Médico, la Academia no se restó a dar su opinión e interceder ante las autoridades en temas puntuales, sobre todo cuando estos podían menoscabar actividades profesionales o investigativas. Es así como a mediados de 1966, se discutió sobre las dificultades económicas generadas por la no cancelación de los sueldos de los médicos que viajaban al extranjero, ya fuese para participar en congresos o para realizar estudios de especialización: como se ponderó que esta situación afectaba el desarrollo de la medicina nacional “en todos sus campos, retrasando su avance con respecto a otros países”, se acordó dar cuenta de esta situación al Ministerio de Salud. Al parecer el problema no tuvo pronta solución, pues un par de años después, los miembros volvieron a discutir sobre el mismo tema haciendo llegar sus observaciones a las autoridades correspondientes. Situación que se vio agravada, poco después, debido a la escasez de divisas extranjeras; ante esto la Academia intervino nuevamente al ver que se dificultaba la salida de médicos al extranjero “a congresos o con becas, algunos de los cuales han debido cancelar sus participaciones por esta razón”. Asimismo, solicitaron mayores facilidades en los requisitos para salir del país y una cantidad mayor de moneda extranjera para la compra de libros y revistas. La notificación a las entidades estatales correspondientes fue seguida por el rechazo de “las peticiones, pues aunque se reconoce la importancia que tienen para cualquier profesional los contactos con el exterior, hay otras prioridades en estos momentos que requieren mayor urgencia”; aun así, se acordó renovar las gestiones ante el Ministro de Hacienda y el Presidente del Banco Central.
Sin embargo, no siempre la voz de la Academia fue desoída; en esos mismos años el entonces ministro de salud Ramón Valdivieso solicitó formalmente a la Corporación su opinión sobre la delimitación de las actividades y responsabilidades de los kinesiólogos y psicólogos en relación con la medicina. El informe de la Comisión correspondiente fue enviado prontamente al Secretario de Estado junto con la propuesta de formar un comité permanente que asesorara a la autoridad de salud en estos temas.

4. LA ACADEMIA Y LA REFORMA UNIVERSITARIA

Con todo, quizás, uno de los problemas más significativos para la Corporación en estos años fue el que se generó al interior de las universidades del país, y más especialmente en la Universidad de Chile y en su Facultad de Medicina. La Academia debatió y trato de hacer escuchar su voz en este conflicto, intervención que generó, como veremos, roces entre algunos de sus miembros por las diferentes opiniones ante los sucesos que sacudían a la Universidad.
Para comprender estos hechos se debe explicar que, en términos generales, hacia mediados de la década de 1960, el país experimentaba una creciente efervescencia social y política; además de un panorama internacional en el que dos sistemas contrapuestos se enfrentaban en la denominada Guerra Fría y que también repercutía en esta región de América Latina. Estos factores, entre otros, motivaron la formación de partidos y movimientos políticos que buscaban realizar radicales reformas estructurales en el país. Para la realización de estos objetivos algunos pensaron que, entre otros cambios, era necesario modificar profundamente la organización y funcionamiento de las universidades chilenas. Las organizaciones estudiantiles proclives a las reformas, altamente politizadas, deseaban una universidad más cercana y comprometida con las transformaciones que juzgaban necesarias, así como abrir paso a estructuras más democráticas y participativas al interior de las casas de estudio. Más allá de la evaluación positiva o negativa que pueda hacerse del movimiento de reforma universitaria, es indudable que alteró y cuestionó la vida académica y las estructuras tradicionales que, hasta esos años, tenían los centros de estudios superiores.
En mayo de 1968, la Academia comenzó la discusión del problema por el que atravesaba la Universidad de Chile, entre ellos, “la falta de autoridad, la necesidad de un nuevo marco legal que rija la universidad y las tomas de los alumnos”. En el debate se planteó la necesidad de que la Academia se pronunciara sobre estos hechos y que la Casa de Estudios retomara sus actividades normales bajo las autoridades legítimamente constituidas. A pesar de lo cual, y en palabra del Presidente, se veía la necesidad de que las reformas se realizaran lo más pronto posible; por lo que, para algunos académicos, era necesario realizar cambios importantes en la estructura y marcha de aquella institución. El asunto continuó como tema de debate en las sesiones posteriores, generando, como se verá, marcadas diferencias de opinión entre los Académicos ante la necesidad de las reformas, los efectos que el movimiento estudiantil tenía en el desarrollo de las actividades docentes e investigativas de la Universidad y el papel que la Academia debía tener ante estos hechos. Con todo, se nombró una comisión, formada por los profesores Ariztía, del Río, Fernández y el secretario Alfonso Asenjo para que redactara una declaración pública que, con la aprobación de todos sus miembros, pudiera resumir el punto vista general de la Academia. El documento final, una vez publicado habría “tenido una amplia repercusión en todos los círculos intelectuales y universitarios del país, y ha sido reconocido como el planteamiento más serio que se ha hecho en relación a estas materias”. El texto de la declaración es extenso pero vale la pena rescatar algunos de sus párrafos más relevantes, pues resumen la valoración que los académicos hicieron sobre este disputado proceso.
La Universidad como idea histórica, de docencia, de investigación científica, de arte, de creación, de servicio a la colectividad y de estructura, debe permanecer en renovada actitud de reforma, frente a un destino superior, a un futuro que le exige ser el “crisol” de un pueblo en marcha, pero que respeta la “norma” por ella establecida, y los mecanismos propiamente universitarios para remozarla, lo que da prestancia, respetabilidad, profundidad y ascendiente a la institución rectora del entendimiento. […]
La Academia declara que en materia de enseñanza médica no valen las jerarquizaciones de planes rígidos, que pronto pasan a ser anacrónicos, sino que los cuadros, equipos o institutos serán formados de acuerdo con la calidad del material humano, los imperativos de la enseñanza, de la tecnología, del adiestramiento, las necesidades del medio social y la fuerza espiritual en marcha constituida por los requerimientos de conocer lo puro o aplicado.
[La Academia] apela a la conciencia de los profesores, docentes y estudiantes para enfrentar los problemas suscitados en la Universidad en general y en la Escuela Médica en especial, con serenidad y aplicando en materia de docencia médica la experiencia vivida, y los nuevos aportes que se discuten en Chile y en el extranjero. Las reformas estarán encaminadas a perfeccionamiento del “docere”.

Como era de esperarse, los problemas universitarios continuaron e incluso se agudizaron en los meses siguientes. Como consecuencia de estos, el Académico doctor Amador Neghme se vio obligado a renunciar al decanato de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Aunque en las actas de la Academia no se hace mención de los detalles, al parecer su dimisión fue producto de hechos violentos que motivaron el apoyo de sus colegas. Ante esta creciente tensión en los planteles universitarios, y más específicamente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, con todos los efectos negativos que, según la opinión de los académicos, generaba en la adecuada formación de los estudiantes, en la atención de los pacientes y en la investigación médica; se buscó una postura más activa de la Academia y del Instituto de Chile. Esto generó, sin embargo, también una agudización de las posturas contrapuestas y el menoscabo del trabajo conjunto al interior de la Corporación.
A comienzos de 1969, el Presidente Larraguibel, al parecer agobiado por la situación, pronunció un emocionado y conceptuoso discurso en el que expresó su desilusión ante la actitud de algunos académicos: “Hay que defender la vida de esta institución que es el vigía del progreso médico, y me siento entristecido por los problemas contingentes debidos a esta situación. Muy distinto sería si los 18 académicos férreamente unidos, aun teniendo discrepancias, se sentaran alrededor de la mesa de sesiones”. Acto seguido presentó su renuncia la que fue rechazada unánimemente por sus colegas. Con todo, es necesario aclarar que el profesor Larraguibel había tratado, con anterioridad, de renunciar un par de veces a la Presidencia de la Academia, esgrimiendo motivos de salud; pero ahora se sumaba su desencanto por la falta de unidad y, quizás en cierta forma, la responsabilidad por no haber logrado que se alcanzaran acuerdos a pesar de las diferencias. Esta situación fue criticada por otros miembros; el profesor Ariztía, por ejemplo, criticó la actitud de algunos colegas ante los problemas que estaba experimentando la Universidad de Chile y específicamente la Facultad de Medicina; polémicos o no sus dichos, “se deja en claro que esto demuestra los desacuerdos que hay entre los académicos sobre el problema universitario”. Aunque se trató de buscar algunas soluciones, como estudiar el tema más a fondo, y discutir informes sobre procesos similares en otros países, la situación finalmente llevó a que se aceptara una nueva petición de renuncia del Presidente y, como consecuencia, la del secretario profesor Asenjo. El nuevo Presidente, profesor Víctor Manuel Avilés, en muy poco tiempo tuvo que enfrentar este mismo ambiente y, contrariado, presentó su dimisión, la que se le pidió reconsiderara recibiendo el apoyo de sus colegas por sus capacidades personales y profesionales.
En los siguientes meses, el tema universitario continuó generando polémicas entre los miembros de la Corporación pero, al parecer, esta vez en una ambiente que buscó generar mayores acuerdos entre las diferentes posturas. Ante la discusión parlamentaria de un proyecto que buscaba generar un nuevo Estatuto para la Universidad de Chile, se nombró una comisión que lo evaluara y presentara posibles mejoras, tomando en consideración los marcos legales que regían a otras Casas de Estudios Superiores en Latinoamérica; información que se recibió desde distintas fuentes, entre ellas, la considerable documentación que envió el doctor Abraham Horwitz desde la Organización Panamericana de la Salud. El informe final, presentado en septiembre de 1970, revivió, en cierta medida, el debate entre las opuestas opiniones de los académicos; aun así no suscitó las tensiones de los meses anteriores.
A partir de estos años, la situación de las Universidades y, especialmente de la enseñanza de la medicina, se convertiría en un tópico recurrente en las sesiones de la Academia. Problemas como su excesiva politización durante el gobierno de la Unidad Popular y luego, en los años del Régimen Militar, la persecución política y las profundas reformas a la educación superior concitaron el análisis y la opinión de las directivas y de los miembros en general. Interés que, además, se materializó con la participación activa de la Academia en la Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas (CONACEM) desde su fundación en 1984.

5. LA ACADEMIA EN LOS AÑOS DE REFORMAS EN LA SALUD
Así como en esta década se implementaron reformas en educación, también la salud, tanto en sus ámbitos público como privado, fue objeto de trasformaciones que generaron análisis y preocupación al interior de la Academia. Precisamente, la evaluación de posibles reformas nace, desde mediados de los años 70, en el mismo seno del gremio médico. En julio de 1974, la Academia discutió las conclusiones de dos convenciones realizadas por el Colegio Médico, en noviembre de 1973 y junio de 1974, en que se trató sobre los “problemas de la salud pública, su gran tamaño y falta de eficiencia y la pérdida de capital humano”, entre otros temas, los que fueron analizados en la Corporación para realizar un estudio que se haría llegar a las autoridades ante la reformas que se planeaba realizar. La necesidad de estas trasformaciones también era compartida por algunos miembros, de hecho, el doctor Ariztía publicó, al parecer a nombre propio, una carta en la prensa en que analizaba el desarrollo de las instituciones médicas durante los primeros 50 años del siglo XX, hasta que

“En 1952 la fusión juntó vicios y virtudes de las diferentes reparticiones que vinieron a desembocar en una organización burocrática (SNS), elefantiásica, pesada y politizada a extremos abusivos en el último gobierno; sus vicios derivan en gran parte de la tendencia a la medicina socializada”.

Comprende la necesidad de ineludible de introducir economías y sugiere diversas medidas; pero pone en guardia contra el peligro de sacrificar servicios indispensables.
Otro factor que explica la preocupación por este tipo de cambios estructurales es el interés que en esos años desplegó la nueva Directiva, presidida por el doctor Amador Neghme, para potenciar la opinión y el actuar de la Institución. Él mismo lo expresaba de esta forma al presentar su plan de trabajo para el año 1977:

“Entendemos nuestra corporación como un ámbito propicio al estudio, reflexión e investigación de los problemas que afectan a la medicina nacional. A la vez, la consideramos como la conciencia crítica de la realidad médica, la tribuna donde se predica y practica el respeto a la tradición, a los valores y principios humanísticos, y como la institución destinada a alertar a las autoridades públicas sobre los nuevos avances de las Ciencias Médicas y sus efectos positivos o negativos para la salud individual y colectiva. Pensamos que la Academia de Medicina debe ser la tribuna abierta a todas las inquietudes de progreso, como entidad integrada por un conjunto de las más eminentes personalidades de la medicina del país […]
Durante mi gestión, la Academia de Medicina no esperará pasivamente que se la consulte, ni omitirá expresar su opinión y su preocupación ante los problemas que afectan a la formación del médico, a la calidad del trabajo médico, a la ética profesional, a la actitud médica ante los pacientes, sus familias y la sociedad y, en forma especial, al perfeccionamiento y educación médica continuados”

Precisamente, esta postura motivó a la Directiva a invitar al Ministro de Salud General de Brigada Fernando Matthei con sus colaboradores más cercanos, a exponer sobre los planes, programas y reformas del sistema de salud pública. En la ocasión, además de escuchar estos temas, se planteó a la autoridad ministerial la preocupación por los problemas financieros, de personal y de infraestructura que aquejaban a los establecimientos de salud. Posteriormente, para profundizar y aclarar dudas sobre las reformas, se repitieron estos encuentros un par veces, permitiendo que la Academia obtuviera algún grado de opinión ante éstas. Aunque, en general, existía un ambiente favorable a las reformas en la salud pública, no por eso los miembros de la Academia se restaron a plantear abiertamente sus críticas cuando consideraron que ciertas medidas podían ser negativas para el funcionamiento de las instituciones, sobre todo si se efectuaban con escasa o nula consulta al gremio médico y en desmedro de la calidad de atención de la población. Es así que temas como el desmantelamiento físico y humano de servicios especializados, la desregulación del mercado de medicamentos, y el debilitamiento de los servicios de salud pública fueron, entre otros, temas de discusión relevante en estos años. Con respecto a este último tópico, por ejemplo, al analizar la nueva Ley de Prestaciones de Salud, en 1986, se diagnosticó lo siguiente por los académicos Viel y Medina:

[…] la nueva Ley de Prestaciones de Salud era buena para el sistema privado de atención médica, pero no así para la población de escasos o medianos recursos. En cambio, se excluyen los grupos de mayores ingresos que contratan servicios en la previsión privada. Con ello, los ingresos de FONASA son insuficientes, y se limitan en su mayoría a los grupos pobres. Pero no se han aumentado las plantas de los servicios de FONASA, lo que determina listas de espera prolongadas y rechazo de enfermos… en síntesis, esta nueva ley está robusteciendo los sistemas privados de atención médica y no ha mejorado los servicios para la mayoría de los habitantes, de medianos y mínimos ingresos

En cuanto a los problemas de salud, se reconoció que se ha puesto énfasis en la atención primaria y materno-infantil pero en las patologías de adultos (cardiovasculares, infecciosas, cáncer y parasitarias) no había progresos. Aunque muchas de estas opiniones, informes y reuniones no fueron consideradas por las autoridades correspondientes, la Academia no desistió de seguir el camino de opinar y debatir públicamente sobre estos temas.

6. LA ACADEMIA HOY

6.1 Estructura
La Academia, como todas las del Instituto de Chile, cuenta con una Mesa Directiva compuesta por el Presidente, el Secretario Académico y el Tesorero, sobre la que descansa toda la organización de la actividad y administración de la Institución. La Tabla 1 muestra la nómina de Presidentes de la Academia entre 1964 y 2015. De acuerdo a su Reglamento, la Academia tiene un  Comité de Postulaciones que es más bien uno de búsqueda y proposición de nuevos académicos. Además, dependiendo de las actividades de la Academia se van constituyendo otros comités como son el Comité para el Premio Academia de Medicina, el de Educación Superior y los que se crean esporádicamente para elaborar  Documentos de Posición o Declaraciones públicas que emite la Academia periódicamente o para organizar los seminarios y eventos.
6.2 Los Académicos
Conforme a la Ley que rige al Instituto de Chile, la Academia cuenta con tres tipos de Académicos: de Número, Correspondientes nacionales y extranjeros y Honorarios nacionales y extranjeros. Los Miembros de Número son cuidadosamente seleccionados entre los más destacados representantes de la profesión y sometidos a elección secreta por la asamblea de sus congéneres. Su número no puede exceder de treinta y seis, su nombramiento es irrenunciable y ocupan un sillón numerado y vitalicio. Recae en ellos la plenitud de derechos y deberes de la Academia. La categoría de Miembros Correspondientes se estableció inicialmente para médicos destacados que residieran fuera de Santiago o del país, pero desde 2014 se ha extendido esta categoría también a residentes en Santiago, pero en número no mayor que diez. Los Miembros Honorarios son médicos a quienes la Academia desea distinguir generalmente al término de una destacada trayectoria profesional. Desde 2014 se ha requerido también a los Miembros Correspondientes y Honorarios que se incorporen solemnemente a la Academia con un Discurso de Incorporación en una Sesión Solemne, requisito antes vigente sólo para los Miembros de Número. En los últimos años se han celebrado Sesiones Solemnes de Incorporación en Concepción, Valdivia y Temuco, con lo que la Academia quiere lograr una efectiva participación de todo el país en su quehacer. Entre los miembros de la Academia se cuentan ocho Premios Nacionales de Medicina; cuatro han recibido el Premio Nacional de Ciencias y tres el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas. Dieciséis miembros han sido agraciados con la condecoración de la Orden de la Cruz del Sur (Tabla 3), creada por el Estado en 1930 para distinguir sus contribuciones en el campo de la salud o de la investigación en salud.
Tal como en el acontecer nacional, en las Academias del Instituto de Chile ha habido un marcado predominio de varones. En efecto, en 1992, después de veintiocho años de creada, la Academia de Medicina incorporó a su primera Académica de Número, la Dra. Marta Velasco Rayo. A esa época sólo se habían incorporado tres Académicas de Número a la Academia de la Lengua, una a la de Historia, cuatro a la de Ciencias Sociales, Políticas y Morales y cuatro a la de Bellas Artes. En los años siguientes, la Academia de Medicina cambió esta tendencia y desde 1992, han correspondido a damas ocho de veintiocho incorporaciones.
6.3 Las sesiones
Desde sus inicios la Academia ha tenido sesiones regulares mensuales en las que, además de ser una oportunidad de encuentro de los académicos, se informa de las actividades de la Institución y en las que un académico o una personalidad invitada dicta una conferencia sobre algún tema de interés general en medicina. Los temas tratados habitualmente tienen relación con salud pública, educación médica, bioética o  aspectos humanistas de la medicina. Entre las personas invitadas a exponer han estado Ministros y Subsecretarios de Salud,  Presidentes del Colegio Médico de Chile, personalidades extranjeras como expertos en bioética, académicos de otros países.  Las conferencias son siempre seguidas de un debate enriquecedor y se publican en el Boletín anual de la Academia. En estas sesiones regulares participan los académicos de todas las categorías.
Además existen las Sesiones Públicas y Solemnes de Ingreso que se realizan para las incorporaciones de académicos de Número, Honorarios y Correspondientes y en las que quien se incorpora diserta sobre un tema de su libre elección.
 Por último, están las Sesiones Extraordinarias para elecciones o para tratar determinadas materias, que no son abiertas al público y, en el caso de las de elecciones, están acotadas a los académicos de número con derecho a participar en la elección.
Fuera de estas sesiones, la Academia celebra otros encuentros especiales entre los que destacan por el éxito alcanzado los Seminarios de Bioética, que la Academia organiza y celebra anualmente desde 2011. A ellos se invita a asistir a un amplio número de personas de distintas profesiones o disciplinas, especialmente a los que participan en comités de ética asistencial de los establecimientos sanitarios públicos y privados del país. En la oportunidad  se exponen temas de bioética que se siguen de un debate. Además, se contempla un receso para almuerzo con el fin de que los asistentes se conozcan e intercambien ideas.  Los relatores de los seminarios son las personas más capacitadas en los temas que se programen, independiente de que pertenezcan o no a la Academia de Medicina; finalizan con sesiones grupales interactivas. Entre los invitados se ha contado con la filósofa Ana Escribar (Destacada  filósofa y experta en ética, Profesora Emérita de la Universidad de Chile), Adela Cortina ( filósofa española, Catedrática de Ética en la Universidad de Valencia, Académica de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España), Patrick Wagner (Presidente de Academia de Medicina del Perú y del Comité de Ética del Colegio Médico Peruano, Diego Gracia Guillén (Miembro Honorario Extranjero de nuestra Academia y de Número de las Reales Academias de Medicina y de Ciencia Morales y Políticas de España).   
              En lo que va de este siglo, la Academia ha tenido otros encuentros académicos ocasionales como presentaciones de libros, Seminariosobre “Formación de Médicos en Chile” (2002), Errores en Medicina ¿Es Segura la Atención Sanitaria en Chile? (2004), “Visión de la academia frente a la epidemia mundial de Obesidad” (2014), Taller  sobre la “Liberalización del mercado de Marihuana”, “ Medicina Hipocrática”(2014), “Riesgos del empleo de Timerosal en las vacunas”(2015),  etc.  Algunos de estos encuentros son organizados en conjunto con sociedades médicas, con el Ministerio de Salud o con otras Instituciones y suelen  tener amplia cobertura en los medios y contar entre sus asistentes con expertos ministeriales y miembros  del Parlamento.
6.4 Publicaciones
Otra actividad importante son las publicaciones, entre las que cabe destacar el Boletín de la Academia. Una de las primeras acciones que ella inició cuando se fundó fue contar con una publicación periódica que le aumentaría su valoración institucional y le daría presencia en los ámbitos académicos, científicos y culturales. Los discursos y trabajos de sus miembros aseguraban  material para publicar. Es así como en 1965 se tuvo el primer Boletín editado con apoyo de la Revista Médica de Chile. La publicación se ha mantenido con regularidad y contiene in extenso las conferencias dictadas por los académicos, los documentos elaborados por los comités de estudios, la cuenta anual del Presidente, reseñas biográficas, trabajos de seminarios sobre  bioética y educación en medicina, por nombrar sólo algunos.
También la Academia ha publicado diversos libros, entre los que vale la pena mencionar a los siguientes:          
a) Figuras Señeras de la Medicina Chilena. Esta fue una serie de opúsculos que comenzó a publicar la Academia en 1969 en cuyas páginas se rinde homenaje a grandes maestros de la medicina chilena. Después de la publicación de varios de ellos, se dejaron de publicar por razones que ignoramos.
b) Control de Calidad en Medicina y Educación Médica editado por Ediciones LOM  en 2004 y que incluye las ponencias presentadas en reunión conjunta de las Academias de Medicina de Chile, Bolivia y Perú.               
c) Errores en Medicina ¿Es Segura la Atención Sanitaria en Chile? La Academia publicó en 2004 este libro de 118 páginas y que contiene las ponencias presentadas en un seminario realizado ese año sobre el tema en conjunto con el Capítulo Chileno del American College of Physicians y la Asociación de Sociedades Científicas Médicas de Chile.
d) Reseña de la Academia Chilena de Medicina. Con este nombre se publicó el año 2006 un documento que resumidamente da cuenta en 50 páginas de los orígenes, características y quehaceres de la Academia señalándose quienes la conforman, sus propósitos y objetivos y sus actividades.
e) Indice Acumulativo de materias  y Autores del Boletín de la Academia  Chilena de Medicina 1966-2007.  Documento de 74 páginas publicado en 2008 y preparado por Académico Alejandro Goic y la Sra. Elfriede Herbstaedt
f) Informe sobre la Situación Actual de la Educación médica en Chile, publicado en 64 páginas en 2008  preparado por el Comité de Educación Superior.
g) Historia Biográfica de la Medicina Chilena (1810-2010). – Libro de 600 páginas  publicado por la Academia  en 2014 que resumidamente presenta los rasgos biográficos de algo más de 500 médicos que ejercieron su  profesión en el Chile Republicano y que junto con una trayectoria individual destacada contribuyeron en forma relevante al desarrollo de la medicina en sus respectivas áreas. El libro está organizado en capítulos  y cada uno de ellos está destinado a una disciplina médica y se inicia con una introducción que brinda una visión general de la evolución de la especialidad.  En un anexo se presenta la nómina de médicos cuya excelencia profesional ha sido reconocida por el Estado o Instituciones de educación superior, académicas, profesionales o gremiales y los que han ocupado altos cargos directivos en el Gobierno, Poder Legislativo, academias, universidades, sociedades médicas y profesionales. El libro es una mirada a la historia de 200 años de la medicina chilena hecha desde la perspectiva de sus actores.  Autores de este libro son el Académico Honorario Lorenzo Cubillos y el Académico de Número Ricardo Cruz-Coke. 
h) Reflexiones sobre Bioética.- El año 2015 la Academia publicó un libro con las conferencias dictadas en los seminarios de Bioética de los años 2011 a 2013. Es un volumen de 396 páginas al que se le dio la mayor difusión. Fue editado por la Académica Mireya Bravo Lechat (QEPD) quien falleció poco antes de su publicación.
6.5 Declaraciones Públicas
 Con la intención de contribuir al debate de asuntos de interés público, la Academia ha emitido varias Declaraciones Públicas.  Estas se hacen toda vez que los académicos perciben que hay situaciones relacionadas con la salud en las  que surge preocupación o interés público y en las que la opinión institucional de la Academia puede contribuir  a orientar a la población o a actores de ella. Estas declaraciones  se envían a los medios de comunicación, a las sociedades médicas y a las autoridades que corresponde según cual sea el tema abordado. Ejemplos de estas declaraciones son : ”La crisis de la Universidad de Chile”(1967)”, “Sobre  el descenso de la  Mortalidad Infantil y otros indicadores de salud” (1987), “Especialización de Médicos clínicos”(1988) “ Acreditación de los Programas e Instituciones de Educación Superior”(1998),  “Control de Calidad en Medicina” (2001), “Hacia un Fondo Sectorial de Investigación en Salud. Documento de Posición de la Academia Chilena de Medicina” (2001),  “Formación de Médicos en Chile. Un nuevo escenario.” (2002)  ,”Una amenaza a la seriedad y prestigio de la medicina chilena” (2003)”, “Opinión de la Academia Chilena de Medicina sobre la certificación de especialistas”(2009), “Contaminación atmosférica de Santiago” (2012), “La  acreditación de centros de formación de especialistas médicos” (2013), “La situación del Virus Ebola en Chile y en el mundo”(2014), “Las relaciones entre los médicos y la industria proveedora”(2014), “El consumo de marihuana y sus problemas”(2015).
  7. PARTICIPACION DE LA ACADEMIA EN OTRAS INSTITUCIONES
  7.1 Instituto de Chile. De acuerdo a la ley, las seis Academias Chilenas creadas están estrechamente integradas  con el Instituto. Conforman su Consejo los presidentes de las Academias y otros dos representantes de cada una de ellas. Los presidentes de las Academias rotativamente  presiden el Instituto por períodos de tres años y, de hecho, les ha correspondido presidirlo a los académicos de número de la Academia Chilena de Medicina Amador Neghme R, Armando Roa R, Rodolfo Armas M y el académico honorario Luis Vargas F. Este último en su calidad de Presidente de la Academia Chilena de Ciencias. La sede de todas las Academias está en las dependencias del Instituto, y en la tesorería de éste se practica el manejo financiero de las Academias, Su Secretario General es el jefe del personal de todas las Academias y, lo más importante es la integración académica, siendo las más relevantes las ceremonias solemnes de Inauguración y Cierre de los años académicos y la publicación anual de los Anales del Instituto.
7.2 Corporación Nacional de Certificación de Especialidades Médicas (Conacem). En 1981, a iniciativa de la Sociedad Médica de Santiago, y siguiendo el ejemplo de la medicina estadounidense, se inició en Chile la certificación de los especialistas clínicos a través de Conacem. Esta institución parecía indispensable porque sólo una minoría de los médicos que ejercían en las diversas especialidades clínicas tenían un reconocimiento universitario y el resto no tenían certificación alguna y, por ende, no había garantías de su capacitación como especialista. Probablemente Conacem fue el primer sistema de control de calidad profesional de la medicina en el país y contó con una rápida aceptación, comenzando pronto a ser consideradas sus certificaciones como requisito para ejercer como especialista en instituciones públicas y privadas. Desde su inicio y hasta la actualidad formaron Conacem las sociedades médicas de Chile, la Asociación de Facultades de Medicina, el Colegio Médico de Chile y la Academia Chilena de Medicina. Conacem sirvió de modelo para la creación de un organismo equivalente para otras profesiones dentro de Chile y de la propia profesión médica en otros países latinoamericanos. El año 2014  el Ministerio de Salud reconoció a Conacem como la única entidad acreditada para certificar especialidades médicas en el país. En 35 años de existencia de esta corporación ha extendido 13.229 certificaciones Han presidido su Directorio nueve destacados médicos, seis  de los cuales son o fueron miembros la Academia Chilena de Medicina: Académicos de Número  Alberto Donoso I., Rodolfo Armas M., Salvador Vial U., Vicente Valdivieso D. y los Académicos Honorarios Osvaldo Llanos L y José Manuel López M.
 7.3 Premio Nacional de Medicina. El año 2001, por iniciativa de la en ese momento recién creada Asociación de Sociedades Científicas Médicas de Chile (ASOCIMED) se creó este premio que es una distinción que imparten cada dos años a un médico las principales  Instituciones médicas de Chile –Asocimed,  Academia Chilena de Medicina,  Asociación de Facultades de Medicina y Colegio Médico de Chile- para reconocer la obra de aquellos médicos que han sobresalido entre sus pares en el área de la clínica o de la Salud Pública y que, además, haya tenido un rol destacado en docencia, administración académica o investigación. La Tabla 2 muestra la lista de académicos que han recibido este premio.
7.4 Agencia Acreditadora de Programas de Posgrado de Especialidad en Medicina y de Centros Formadores de Especialistas Médicos  (APICE) . Es ésta una Corporación constituida el año 2008 por  la Asociación de Sociedades Científicas de Medicina (ASOCIMED) y el Colegio Médico de Chile A.G., para  efectos de actuar como agencia acreditadora de acuerdo a la ley Nº 20.129.  A su constitución concurrió también la Academia Chilena de Medicina que participa con derecho a voz en el Directorio. Esta es la única Agencia dedicada a este tipo de acreditaciones en el sector salud y tiene  un papel insustituible en establecer sus niveles de calidad.
8. Relaciones con Otras Instituciones
8.1 Con el Ministerio de Salud (MINSAL). La Academia  ha tenido excelente y frecuente relación con el Ministerio de Salud y sus autoridades.  En efecto, tradicionalmente en todos los actos oficiales y abiertos de la Academia como ingresos de Académicos, son invitados los Ministros y Subsecretarios de Salud; probablemente sin excepción las autoridades de salud de todos los gobiernos han concurrido a la Academia para informar y debatir sus programas de trabajo; al menos en dos oportunidades el MINSAL ha solicitado a la Academia informes técnicos, una vez sobre las profesiones de psicólogos y otra sobre los riesgos de emplear timerosal en ciertas vacunas. Asimismo, por Decreto Ministerial, el Consejo Consultivo del Auge, que es una instancia de carácter asesor y técnico, cuyo objetivo es asesorar al Ministerio de Salud en todas las materias relacionadas con las Garantías Explícitas en Salud, además de emitir su opinión en aquellas materias en que sea requerido por el Minsal, tiene entre sus nueve  miembros a un representante de la Academia; el Presidente de la Academia es miembro del Consejo de la Orden de la Cruz del Sur y participa en las decisiones de asignación de condecoraciones; la Ministra de Salud Carmen Castillo inauguró el Seminario de bioética 1915, etc.
8.2 Con las Sociedades Médicas chilenas.- La Academia se relaciona permanentemente con la Asociación de Sociedades Médicas, mantiene un trabajo conjunto con ellas en la CONACEM, APICE y Premio Nacional de Medicina. Con algunas sociedades tiene relaciones esporádicas como el desarrollo  del seminario sobre consumo de marihuana, que se realizó en conjunto con las Sociedades de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía, la Sociedad de Psiquiatría de la Infancia y Adolescencia, y la Sociedad Chilena de Pediatría.
8.3 Con el Colegio Médico de Chile: la Academia participa en la asignación del Premio Nacional de Medicina, y, junto con el Colegio, participó en la creación y mantención de Apice y Conacem. Además, el Colegio ha patrocinado todos los seminarios de bioètica que organiza la Academia y, a su vez, la Academia habitualmente tiene un representante en el jurado que asigna el Premio Anual de Bioética que imparte el Colegio.
8.4 Con Academias de Medicina extranjeras: - Existe un permanente contacto entre las Academias de Medicina de los países vecinos, organizándose encuentros frecuentes de carácter bi o trinacionales.  Ejemplos de ellos son las reuniones de las Academias de Chile, Perú y Bolivia el año 2001 en Santiago la que se dedicó a los termas de certificación y recertificación de especialistas y acreditación de escuelas de medicina y de centros asistenciales; en Lima el 2003 para abordar sistemas de Control de Calidad en Medicina y Educación Médica y luego en el año 2012 en Cochabamba (Bolivia) para tratar la descentralización en salud, educación médica, investigación aplicada en salud en los países latinoamericanos y medicina centrada en el paciente.
Nuestra Academia ha tenido también reuniones periódicas con la Academia de Medicina de Buenos Aires en Santiago en 1999, la que trató sobre enfermedades por priones y drogadicción, y en Buenos Aires en 2001 en la que se trató de la autoevaluación de programas de educación médica, de la educación a distancia y de la acreditación de escuelas de medicina.
En el año 2006 la Academia fue invitada al foro interacadémico en problemas de salud global organizado por la Academia Nacional de Medicina de México; el año 2009 participó en la reunión de Academias de Medicina del Cono Sur en Asunción sobre Formación de Especialistas a través de Residencias Hospitalarias y en el año 2014 en un encuentro Subregional de Academias Nacionales de Medicina de Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay y Perú en Lima dedicado a Nutrición y Medicina y Salud Centrada en la persona realizada en Lima. 
El año 2015 la academia participó en las jornadas latinoamericanas de Medicina Centrada en la Persona realizada en Lima y el mismo año  en el IV Conclave Médico de la Academia de Medicina de Brasil para abordar temas de drogadicción y disponibilidad de aguas para la comunidad.
La Academia de está participando en el proyecto liderado por la Real Academia de Medicina de España “Diccionario Panhispánico de Términos Médicos”
8.5 Con la Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina, España y Portugal. (ALANAM). Esta Asociación se constituyó en 1966  y la presiden rotativamente los Presidentes de las Academias Nacionales; les ha correspondido presidirla a los Académicos chilenos Amador Neghme (1981), Armando Roa (1989) y Alejandro Goic ( 2010). Desde 1968, en cada una de esas presidencias el Consejo Directivo conformado por los Presidentes y un representante de cada Academias se reúnen en la sede del Presidente para tratar temas de interés general en Medicina. De esas reuniones se llega conclusiones y, a veces, recomendaciones que se hacen llegar a las academias asociadas y, cuando se estima conveniente, a autoridades de gobierno de los países. Temas tratados han sido: Desarrollo de las profesiones paramédicas y equipos de salud; Medicina en los ámbitos de atención primaria y ruralidad; Costos crecientes de los servicios médicos; Investigación científica en salud; Efectos en salud de los medios masivos de comunicación; Importancia de la medicina general; Rol de la medicina en la sociedad contemporánea; Repercusiones de la biotecnología sobre la salud y La calidad de vida; Medicina y ecología; Educación médica continua y Formación integral del médico desde los puntos de vista ético, científico, humanístico y social; La educación médica en nuestros países; La ética y la bioética en medicina; Tecnología y deshumanización de la medicina; Problemas médicos y sociales de la gerontología; El suministro de aguas potables; Sistemas de salud en Latinoamérica; La situación socio-económica del médico en Iberoamérica; Clonación humana; Relaciones entre salud y pobreza en Latinoamérica; Universalización de las vacunas; La nueva epidemia: la obesidad, Malnutrición en la Américas y Tabaquismo y salud, etc.

 

9. REFLEXIONES FINALES
Este recorrido de la vida de la Academia Chilena de Medicina a lo largo de los cincuenta años de su existencia evidencia que ella se ha desarrollado con la pasión por lograr que la medicina  no sólo avance técnicamente en sus diferentes especialidades, sino que, además, esté al servicio de la sociedad y de las personas. De hecho, al preocuparse con constancia desde sus inicios y hasta ahora de ámbitos como la formación de nuevas generaciones de médicos, de participar en sistemas de control de la calidad del trabajo en salud, de proporcionar su opinión sobre temas de salud pública, de reflexionar en tema de bioética y de enseñarla al cuerpo médico, de llamar la atención sobre el aire que respiramos y tantos otros asuntos sobre los que se ha pronunciado públicamente a lo largo de estos años, ha ido mostrando que, aun en el ámbito más académico, la medicina es una disciplina  de servicio a las personas y a la sociedad.
Al crearse el Instituto de Chile y sus academias y al designarse a los miembros fundadores de éstas, las autoridades dieron una clara señal de que se deseaba y se necesitaba congregar a un grupo selecto de la élite intelectual del país. El criterio fue mantenido por los Académicos de Medicina. De hecho, entre ellos varios han obtenido premios nacionales, otros han sido condecorados por el Estado por estimar que han sido los principales impulsores de la salud nacional; no pocos han sido distinguidos como Maestros de la disciplina médica que cultivan; varios han llegado a ser Rectores, Decanos o profesores eméritos en sus universidades.
Pudo este grupo haberse reunido para departir y enseñarse unos a otros, pero así no habría elevado el nivel cultural de la Nación como aspiraban los autores de la Ley de creación del Instituto de Chile y sus Academias. Tampoco habrían sido consecuentes con la vocación que los llevó a dedicarse a la medicina, ni con la disciplina que ella les inculcó a lo largo de años. En cambio, ha sido un grupo activo, interesado y participativo en la vida nacional y el desarrollo de la medicina.
Al cumplir la Academia Chilena de Medicina cincuenta años de existencia es grato apreciar que ha contribuido importantemente a la mejor calidad medicina chilena y a través de ello, a mejorar el bienestar de las personas y elevar el nivel cultural de la Nación.

BIBLIOGRAFIA

MUÑOZ, Miguel Eugenio. Recopilación de las Leyes, Decretos, Pragmáticas Reales y Acuerdos del Real Protomedicato. Cap. 11,  pag. 32. Imprenta de la viuda de Antonio Bordazar, Valencia, 1946.

MEDINA, José Toribio. La medicina y los médicos en la Real Universidad de San Felipe,  Santiago, Imp. y Lit. Universo, 1928.

SERRANO, Sol.  Universidad y Nación. Chile en el siglo XIX, Ed. Universitaria, Santiago, 1994.

LARRAIN AGUIRRE, Camilo. La Sociedad Médica de Santiago y el Desarrollo Histórico de la Medicina en Chile. Sociedad Médica de Santiago, 2002.

TABLA 1. PRESIDENTES DE LA ACADEMIA CHILENA DE MEDICINA 1964-2015


1964 - 1969 

Dr. Armando Larraguibel

1969 - 1973 

Dr. Víctor Manuel Avilés

1973 - 1975 

Dr. Juan Wood Walters

1975 - 1976 

Dr. Aníbal Ariztía Ariztía

1977 - 1987 

Dr. Amador Neghme Rodríguez

1987 - 1997 

Dr. Armando Roa Rebolledo

1997 - 2000 

Dr. Jaime Pérez Olea

2001 - 2010 

Dr. Alejandro Goic Goic

2011 - 2015

Dr. Rodolfo Armas Merino

Tabla 2. ACADÉMICOS GALARDONADOS CON EL PREMIO NACIONAL DE MEDICINA

2002   Julio Meneghello Rivera
2004   Helmut Jaeger Lunecke
2006   Alejandro Goic Goic
2008   Esteban Parrochia Beguin
2010   Rodolfo Armas Merino
2012   Fernando Mönckeberg Barros
2014   Juan Verdaguer Tarradella
2016   Manuel García de los Ríos Alvarez

Tabla 3. ACADÉMICOS DISTINGUIDOS CON LA CONDECORACIÓN NACIONAL DE LA ORDEN DE LA CRUZ DEL SUR

AÑO

ACADÉMICO

GRADO

1985

Víctor Manuel Avilés Beúnza

Collar

1987

Rodolfo Armas Cruz

Collar

1988

Julio Meneghello Rivera

Gran Cruz

1988

Juan Allamand Madaune

Oficial

1988

Luis Tisné Brousse

Collar

1989

Luis Hervé Lelièvre

Gran Cruz

1989

José Manuel Balmaceda Ossa

Comendador

1990

Raúl Etcheverry Barucchi

Gran Cruz

1991

Abraham Horwitz Barak

Collar

1995

Benjamín Viel Vicuña

Collar

1995

Ernesto Medina Lois

Gran Cruz

1995

Jorge Mardones Restat

Collar

1995

Claudio Zapata Ormeño

Collar

1995

Italo Caorsi Chouquer

Gran Cruz

2013

Alejandro Goic Goic

Collar

2013

Fernando Mönckeberg Barros

Collar